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Aftas bucales: 7 claves para prevenir y aliviar rápidamente estas úlceras

Descubre por qué aparecen las aftas bucales y cómo tratarlas rápidamente con consejos prácticos de higiene, alimentación y tratamientos profesionales.
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Doctor Vicente Platón
Doctor en Odontología (mención sobresaliente cum laude). Especialista en Periodoncia e Implantes. Licenciado en Odontología, Universitat Internacional de Catalunya. Master en Periodoncia e Implantes, Universitat Internacional de Catalunya acreditado por la European Federation of Periodontology (EFP). Post-Grado en Prostodoncia, Universitat Internacional de Catalunya. Master en Biomedicina, Universitat Internacional de Catalunya. Profesor Asociado del Master de Periodoncia de la UIC. Socio titular especialista de la sociedad española de periodoncia y osteointegración (SEPA).

Table of Contents

En este artículo te explico de forma práctica qué son las aftas bucales, por qué aparecen y cómo aliviar el dolor y acelerar su curación con soluciones sencillas. Conocerás sus causas más frecuentes, cuándo es necesario acudir al dentista, y dispondrás de una tabla comparativa “causa ↔ solución”, además de un vídeo explicativo y respuestas a las dudas más habituales.

Paciente dolorida por aftas bucales
Paciente dolorida por aftas bucales

¿Qué son las aftas bucales?

Las aftas bucales, también conocidas como estomatitis aftosa, son pequeñas úlceras o llagas superficiales que aparecen en la mucosa interna de labios, mejillas, paladar blando o base de la lengua. Normalmente miden entre 2 y 10 mm de diámetro, tienen un centro blanquecino o amarillento rodeado por un borde rojo inflamado, y resultan muy dolorosas al rozar con alimentos, bebidas o durante el cepillado. A diferencia de las úlceras virales, las aftas no son contagiosas y suelen resolverse por sí mismas en entre 7 y 14 días, aunque pueden reaparecer con cierta frecuencia.

Incidencia y factores de riesgo

Las aftas bucales son una afección muy frecuente, que se manifiesta en un amplio rango de población:

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  • Prevalencia general: Entre un 20 % y un 30 % de las personas presentarán aftas al menos una vez en su vida. Aunque la mayoría de los casos son esporádicos y se resuelven sin complicaciones, en un 10 %–15 % de los afectados las úlceras se vuelven recurrentes, reapareciendo cada pocas semanas o meses y llegando a considerarse una molestia crónica.
  • Edades más afectadas: La estomatitis aftosa recurre con más frecuencia durante la adolescencia y la edad adulta joven (entre 15 y 40 años), coincidiendo muchas veces con períodos de mayor estrés, cambios hormonales o estilos de vida activos. Sin embargo, ningún grupo de edad está exento: pueden aparecer en infancia temprana, edad media o incluso en personas mayores, donde las aftas a veces se asocian a otras patologías o tratamientos farmacológicos.

Factores de riesgo principales

  1. Estrés físico y emocional
    • Los brotes de aftas suelen coincidir con épocas de tensión: exámenes, plazos de trabajo ajustados, enfermedades intercurrentes o cambios bruscos en la rutina.
    • El estrés crónico puede debilitar las defensas locales de la mucosa oral y alterar la respuesta inmunitaria, favoreciendo tanto la aparición como la duración de las úlceras.
  2. Microtraumatismos locales
    • Mordeduras accidentales, cepillados demasiado vigorosos o el rozamiento constante de brackets, prótesis o bordes dentales afilados generan pequeñas heridas que desencadenan la formación de aftas.
    • La fricción continua puede impedir la cicatrización y prolongar la sensación de hormigueo o dolor.
  3. Deficiencias nutricionales
    • Bajos niveles de hierro, ácido fólico y vitaminas del complejo B (especialmente B12 y B6) están muy relacionados con la frecuencia y gravedad de los aftas.
    • Una dieta pobre en frutas, verduras de hoja verde y legumbres incrementa el riesgo; la corrección de estos déficits suele traducirse en una reducción significativa de los brotes.
  4. Sensibilidad alimentaria
    • Alimentos muy ácidos o picantes (cítricos, piña, frutos secos con cáscara dura, especias intensas) pueden irritar la mucosa y precipitar la aparición del afta.
    • Las intolerancias o reacciones alérgicas a ciertos componentes (por ejemplo, sulfitos en vinos o conservantes en embutidos) también pueden manifestarse con úlceras dolorosas en la boca.
  5. Alteraciones inmunológicas
    • Enfermedades autoinmunes (lupus, enfermedad de Crohn, enfermedad de Behçet) y estados de inmunosupresión —por tratamientos oncológicos, inmunosupresores o infección por VIH— predisponen a brotes más numerosos y de mayor duración.
    • En estos casos, el afta puede ser uno de los primeros síntomas de un desequilibrio más amplio del sistema inmune.
  6. Predisposición genética
    • Existe una clara tendencia familiar: si uno o ambos progenitores sufrieron estomatitis aftosa recurrente, aumenta la probabilidad de que sus hijos la padezcan.
    • Este componente hereditario sugiere diferencias en la forma en que la mucosa oral reacciona a estímulos internos y externos.

Conocer estos factores de riesgo resulta esencial para diferenciar un afta aislada —que solo necesita cuidados locales— de un episodio que podría requerir valoración médica o cambios en el estilo de vida y la alimentación. Un correcto reconocimiento y control de los desencadenantes permite reducir la frecuencia, intensidad y duración de las aftas, mejorando el confort y la calidad de vida de quien las padece.

Principales causas de las aftas

  1. Microtraumatismos en la mucosa
    Los pequeños golpes o rozaduras cotidianos suelen ser el iniciador más frecuente de una úlcera aftosa. Un cepillado demasiado vigoroso —especialmente con un cepillo de cerdas duras— puede dañar la capa superficial de la mucosa y desencadenar una llaga. De igual forma, morderse sin querer el interior del labio o la mejilla al comer o hablar, así como el roce continuo de brackets, prótesis mal ajustadas o bordes afilados de empastes, crea un punto de inflamación donde las células epiteliales quedan expuestas a bacterias y ácidos de la saliva, retrasando su cicatrización.
  2. Deficiencias nutricionales
    Las vitaminas y minerales juegan un papel esencial en la reparación de tejidos. Un déficit de hierro interfiere en la producción de glóbulos rojos sanos y en la regeneración celular de la mucosa oral, mientras que la falta de ácido fólico y de vitaminas del complejo B (B12, B6) reduce la síntesis de ADN y proteínas necesarias para que las úlceras se cierren. Pacientes con dietas pobres en vegetales de hoja verde, carnes magras o pescados grasos suelen presentar aftas de forma recurrente hasta que corrigen la carencia.
  3. Alteraciones del sistema inmunitario
    En condiciones de autoinmunidad o inmunosupresión, el propio sistema de defensa ataca de forma exagerada tejidos sanos, incluyendo la mucosa oral. Enfermedades como la enfermedad celíaca o las inflamatorias intestinales activan mediadores de inflamación que pueden manifestarse como aftas. Asimismo, tratamientos oncológicos o fármacos inmunosupresores reducen la capacidad de respuesta celular y condicionan lesiones más grandes y de mayor duración.
  4. Estrés físico o emocional
    El estrés desencadena la liberación de cortisol y otras hormonas que alteran el equilibrio del sistema inmune y reducen el flujo sanguíneo a la mucosa oral. Por eso, en épocas de exámenes, conflictos laborales o cambios importantes en la rutina (traslado, parto, cambio de trabajo), es frecuente que aparezcan aftas justo cuando más las “necesitamos” evitar. Además, el insomnio y la fatiga prolongada empeoran los mecanismos de reparación natural de la piel y las mucosas.
  5. Factores alimentarios y de estilo de vida
    Alimentos muy ácidos (cítricos, piña), picantes (chile, pimentón) o salados irritan directamente la mucosa y favorecen la formación de úlceras.

El tabaco y el alcohol actúan como tóxicos locales: disminuyen la producción de saliva, secan la mucosa y alteran su barrera protectora. Algunos aditivos, colorantes o conservantes alimentarios también pueden desencadenar reacciones de hipersensibilidad que, en personas susceptibles, se traducen en aftas repetidas. Revisar la dieta y moderar estos desencadenantes es fundamental para disminuir brotes.

Causa Solución práctica
Microtraumatismos en la mucosa
  • Cambiar a cepillo de cerdas suaves
  • Aplicar cera de ortodoncia en brackets o prótesis
  • Enjuagues con solución salina tibia tras las comidas
Deficiencias nutricionales
  • Tomar un multivitamínico con hierro, ácido fólico y complejo B
  • Aumentar consumo de legumbres, verduras de hoja verde y carnes magras
  • Realizar analítica sanguínea para descartar carencias
Alteraciones del sistema inmunitario
  • Evaluación médica para diagnóstico de base (celiaquía, PII…)
  • Uso de colutorios/gel tópico con corticoide bajo prescripción
  • Revisión de medicación inmunosupresora si procede
Estrés físico o emocional
  • Practicar técnicas de relajación (respiración, mindfulness)
  • Asegurar higiene de sueño: mínimo 7 horas de descanso
  • Realizar ejercicio moderado de forma regular
Factores alimentarios y de estilo de vida
  • Evitar cítricos, picantes y sabores muy salados
  • Moderar tabaco y alcohol
  • Enjuagues con gel de aloe vera o bicarbonato de sodio diluido
Enjuague para mejorar aftas bucales

Diagnóstico y cuándo acudir a tu dentista

Cómo reconocer un afta bucal
Un afta típica aparece como una pequeña úlcera redonda u ovalada, de entre 2 y 10 mm de diámetro, con un centro blanquecino o amarillento y un contorno rojo e inflamado. Suele doler al contacto con alimentos ácidos, picantes o al cepillarse, y es habitual sentir una molestia seca o irritación constante en la zona afectada. A diferencia de las úlceras herpéticas, las aftas no van acompañadas de fiebre ni de ampollas agrupadas, y no se contagian.

Autodiagnóstico inicial

  1. Inspección visual: Con buena luz y un espejo, localiza la lesión y valora su forma y color.
  2. Test de alivio con gel tópico: Aplica un gel o pomada de venta libre (con anestésico local o film formador). Si el dolor mejora notablemente, apoya el diagnóstico de afta común.
  3. Registro de episodios: Anota fecha de aparición, duración y factores desencadenantes (alimentación, estrés, microtraumatismos). Esto ayuda a identificar patrones y facilita la consulta profesional.
 

Cuándo consultar al dentista o médico

Debes buscar evaluación profesional si se cumple alguna de estas condiciones:

  • Duración prolongada: El afta persiste más de 14 días sin signos de cicatrización.
  • Tamaño o número excesivo: Lesiones mayores de 10 mm de diámetro o más de tres aftas simultáneas.
  • Dolor intenso: Molestia tan intensa que dificulte hablar, masticar o tragar.
  • Reaparición frecuente: Más de 6–8 brotes al año, lo que sugiere un problema subyacente.
  • Síntomas sistémicos: Fiebre, hinchazón de ganglios cervicales, cansancio inexplicado o aparición de lesiones similares en piel u otras mucosas.
  • Antecedentes de enfermedades crónicas: Enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal, VIH/SIDA, o tratamientos inmunosupresores/quimioterapia que puedan complicar la cicatrización.
 

Pruebas complementarias recomendadas

  • Analítica de sangre completa: Para descartar deficiencias de hierro, ácido fólico o vitaminas B12 y B6.
  • Serologías y marcadores inmunológicos: Si hay sospecha de enfermedades autoinmunes o sistémicas relacionadas.
  • Biopsia o cultivo de la lesión: En casos de aftas atípicas, muy persistentes o cuando exista riesgo de otra patología (por ejemplo, enfermedad de Behçet o neoplasias).
 

Un diagnóstico preciso no solo confirma que la lesión es un afta bucal común, sino que también ayuda a descartar trastornos más graves. Consultar a tiempo garantiza un tratamiento adecuado, reduce el dolor y previene complicaciones o recidivas innecesarias.

Alivio rápido de las aftas

Enjuaga la boca con agua salina tibia (1 cucharadita de sal en un vaso de agua), aplica un gel tópico con anestésico (lidocaína) sobre la úlcera y evita alimentos ácidos o muy picantes. Con estos cuidados notarás reducción del dolor en pocas horas y cicatrización en 3–5 días.

Resolución rápida y cuidados iniciales

Para acelerar la cicatrización del afta y aliviar el dolor desde el primer día, sigue estos pasos:
  1. Enjuagues con solución salina tibia
    • Prepara un vaso de agua templada con media cucharadita de sal marina fina.
    • Realiza gárgaras suaves y deja el líquido en la boca durante 30 segundos antes de escupir.
    • Repite 3–4 veces al día, especialmente tras las comidas. La salantisepticidad reduce la carga bacteriana y ayuda a desinflamar.
  2. Aplicación de gel o pomada de uso tópico
    • Utiliza productos específicos para aftas que contengan ácido hialurónico, aloé vera o lidocaína (anestésico local).
    • Con un bastoncillo o dedo limpio, cubre la lesión con una capa fina de gel 2–3 veces al día.
    • Evita comer o beber durante al menos 30 minutos tras la aplicación para permitir la formación de una barrera protectora.
  3. Protección mecánica de la úlcera
    • Si el afta está en zona de roce con brackets o prótesis, aplica cera dental para cubrir cualquier punto filoso.
    • Para aftas en el labio o la mejilla, protege la zona con apósitos bucales específicos en parches, que liberan gel durante horas.
  4. Control del dolor y la inflamación
    • Toma un antiinflamatorio de venta libre (ibuprofeno 400 mg) tras las comidas, si no hay contraindicación médica.
    • Alterna con un analgésico (paracetamol 500–650 mg) si el dolor es muy intenso, siguiendo siempre las indicaciones del prospecto.
  5. Hidratación y alimentación suave
    • Bebe abundante agua y evita bebidas muy calientes o frías.
    • Consume alimentos blandos y no irritantes: purés, yogur, arroz hervido, compotas.
    • Evita cítricos, picantes, frutos secos duros y alimentos muy salados hasta que el afta mejore.
  6. Reposo bucal
    • Reduce la intensidad del cepillado: usa un cepillo ultrasuave y pasta dental sin lauril sulfato de sodio, que puede agravar la irritación.
    • Evita el uso de hilo dental directamente en el afta; realiza movimientos suaves para no despegar la costra en formación.
Con estas medidas combinadas, la mayoría de los aftas bucales comienzan a mostrar mejoría significativa en 2–3 días y cicatrizan completamente en 7–10 días. Si no notas alivio tras una semana de cuidados iniciales, o el dolor aumenta, consulta al dentista para un tratamiento más específico.

Tratamientos y abordajes terapéuticos

Para los aftas bucales que no responden a las medidas iniciales o que se presentan de forma muy dolorosa y recurrente, el dentista o médico puede indicar:

  1. Corticosteroides tópicos
    • Clobetasol en crema o gel: aplicado directamente sobre la úlcera limita la inflamación local y acelera la cicatrización. Suele emplearse en ciclos cortos (5–7 días) para minimizar efectos secundarios.
    • Dipropionato de betametasona en enjuague: gárgaras de solución esteroidea que cubren toda la mucosa oral, útiles cuando hay múltiples aftas.
  2. Antisépticos y antimicrobianos
    • Clorhexidina 0,12–0,2 % en enjuague: reduce la carga bacteriana de la saliva y evita infecciones secundarias. Se recomienda usar tras el cepillado, 2 veces al día.
    • Colutorios con triclosán o cloruro de cetilpiridinio: alternativas para pacientes sensibles a la clorhexidina.
  3. Analgésicos y protectores de barrera
    • Sucralfato en suspensión: forma una película viscosa que cubre el afta y protege la zona durante varias horas, reduciendo el dolor al comer o hablar.
    • Pastillas de benzocaína o lidocaína: para chupar o aplicar sobre la lesión, alivian el dolor de forma inmediata (efecto de corta duración).
  4. Suplementación nutricional específica
    • Suplemento de hierro, ácido fólico y complejo B: tras confirmar déficit en analítica, la corrección de la carencia reduce claramente la frecuencia de brotes.
    • Probióticos orales: cepas como Lactobacillus reuteri pueden ayudar a equilibrar la microbiota bucal y favorecer la curación.
  5. Terapias adyuvantes
    • Láser de baja intensidad (LLLT): algunos estudios demuestran que la aplicación de láser de diodo en la lesión acorta el tiempo de cicatrización y alivia el dolor sin necesidad de fármacos.
    • Terapia fotodinámica: uso de un fotosensibilizante y luz específica para reducir carga de microorganismos y modular inflamación.
  6. Tratamiento de la causa subyacente
    • Enfermedades sistémicas: coordinación con el médico para controlar condiciones como enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal o desequilibrios inmunitarios.
    • Revisión de fármacos: valorar sustitución o ajuste de tratamientos inmunosupresores o que puedan predisponer a úlceras (por ejemplo, medicamentos para el VIH/SIDA o quimioterapia).
  7. Seguimiento y educación del paciente
    • Diario de brotes: registrar fecha de aparición, duración y factores asociados (estrés, dieta, trauma) para ajustar el plan terapéutico.
    • Instrucciones de higiene bucal personalizada: recomendar productos sin lauril sulfato de sodio, enjuagues y cepillos ultra suaves.
    • Plan de visitas periódicas: controlar la evolución del tratamiento, reforzar medidas preventivas y descartar otras patologías si persisten las lesiones.

Este abordaje combinado —tratamientos tópicos, terapias avanzadas y corrección de factores de riesgo— permite no solo aliviar el dolor y acelerar la curación, sino también reducir la frecuencia y severidad de los nuevos brotes, mejorando sustancialmente la calidad de vida del paciente.

Recomendaciones clave

  1. Anticiparse a los brotes corrigiendo dieta y hábitos.
  2. Actuar rápido al primer síntoma con enjuagues y geles.
  3. Consultar si… la lesión dura > 14 días, reaparece con frecuencia, o va acompañada de otros síntomas sistémicos.
  4. Mantener la constancia en las rutinas de higiene y control profesional para minimizar el dolor y acelerar la recuperación.

Con este enfoque integral, la mayoría de los pacientes experimenta una notable reducción del dolor, una cicatrización más rápida de las úlceras y una menor recurrencia de aftas en el futuro.

Pacienete de aftas bucales recuperada

Cuándo acudir al profesional

Señales de alerta
Si el mal aliento persiste pese a una higiene bucal adecuada, conviene solicitar una evaluación profesional. Debe encenderse la alerta cuando aliento y gusto desagradable van acompañados de inflamación o sangrado de encías, dolor al masticar o sensación de boca excesivamente seca. Estos síntomas pueden indicar procesos periodontales avanzados o infecciones que requieren tratamiento específico.

Frecuencia de las revisiones
Aunque no existan molestias evidentes, se recomienda acudir al dentista al menos una vez al año para una revisión general y limpieza profesional; en pacientes con halitosis crónica o antecedentes de enfermedad de las encías, es aconsejable programar consultas semestrales. Estas visitas periódicas permiten detectar y corregir a tiempo cualquier foco bacteriano o defecto en las restauraciones dentales.

Coordinación con otros especialistas
Cuando la evaluación bucal descarta causas orales claras, el dentista puede derivar al paciente a un otorrinolaringólogo en caso de sospecha de problemas respiratorios (sinusitis, amígdalas) o a un gastroenterólogo si existen indicios de reflujo gastroesofágico. En presencia de enfermedades sistémicas como diabetes o xerostomía inducida por medicación, la colaboración con el médico de cabecera o el especialista correspondiente es esencial para abordar el origen extraoral del mal aliento.

Recursos y lecturas recomendadas

FAQ (preguntas frecuentes)

¿Por qué me salen aftas bucales?
Las aftas suelen deberse a microtraumatismos en la mucosa, deficiencias nutricionales (hierro, B12, folato), estrés, cambios hormonales o enfermedades autoinmunes.

¿Son contagiosas las aftas?
No. Las aftas no se transmiten de persona a persona porque no son de origen viral ni bacteriano contagioso, sino por causas internas o mecánicas.

¿Cuánto tiempo tarda en curarse un afta?
Con cuidados adecuados, suele cicatrizar en 7–10 días. Si persiste más de 2 semanas, es aconsejable consultar al dentista.

¿Puedo usar enjuagues de clorhexidina?
Sí, un enjuague al 0,12 % puede reducir la carga bacteriana y prevenir infecciones secundarias. Úsalo tras el cepillado, una o dos veces al día.

¿Influye mi dieta en la aparición de aftas?
Sí. Alimentos muy ácidos, picantes o muy salados irritan la mucosa. Modera cítricos, chiles y salsas fuertes para reducir episodios.

¿Ayudan los suplementos vitamínicos?
Si hay déficit confirmado de hierro, vitaminas B12 o ácido fólico, la suplementación mejora la cicatrización y reduce las recaídas.

¿El estrés puede causar aftas?
Efectivamente. El estrés físico y emocional altera el sistema inmune y disminuye la capacidad de reparación de la mucosa, favoreciendo úlceras.

¿Debo cambiar mi cepillo de dientes?
Sí. Utiliza un cepillo de cerdas muy suaves y pasta sin lauril sulfato para evitar microtraumatismos y resequedad.

¿Cuándo debo acudir al dentista?
Si un afta dura más de dos semanas, es extremadamente doloroso, aparecen con mucha frecuencia (más de 6–8 al año), o se asocian a fiebre y ganglios inflamados.