Imagina que llevas años cuidando tus dientes con disciplina: cepillo, hilo dental, revisiones periódicas. Pero un día el dentista señala una zona oscura justo donde el diente se une a la encía y dice: «Caries radicular». No en el esmalte de siempre, sino en la raíz. Ahí, en el territorio que la encía ya no protege. Eso es lo que cambia después de los 60, y es lo que este artículo explica.

Qué es la caries radicular y por qué es diferente
La caries que conocemos de toda la vida ataca el esmalte, la capa más dura del diente. La caries radicular, en cambio, se instala en la superficie de la raíz cuando esta queda expuesta por la retracción gingival. El problema es que la raíz no está recubierta de esmalte, sino de cemento, un tejido mucho más blando y poroso. La bacteria lo penetra con una velocidad que no tiene comparación.
Dicho esto, lo más inquietante no es la velocidad: es el silencio. La caries radicular rara vez duele en sus primeras fases. Avanza agazapada, sin el aviso que sí suele dar una caries coronaria. Cuando aparece la sensibilidad o el dolor, la lesión ya tiene profundidad.
Por qué el riesgo aumenta después de los 60
La retracción gingival —ese descenso de la encía que deja la raíz al descubierto— se acumula con los años. No es una enfermedad en sí misma: es la consecuencia de décadas de cepillado, de episodios de inflamación periodontal o simplemente del paso del tiempo. A los 60, muchas personas tienen entre uno y tres milímetros de raíz expuesta en varios dientes sin saberlo.
A eso se suman otros factores que convergen en esta franja de edad:
- Boca seca (xerostomía): muchos medicamentos habituales en mayores —antihipertensivos, antidepresivos, antihistamínicos— reducen la producción de saliva. La saliva es el sistema de defensa natural contra la bacteria cariogénica. Sin ella, la raíz expuesta queda indefensa.
- Menor destreza manual: artritis u otras condiciones pueden dificultar un cepillado eficaz en zonas cervicales, justo donde se forma la caries radicular.
- Prótesis y puentes: crean nichos difíciles de limpiar donde la placa se acumula en contacto directo con la raíz.
El mito de que "ya no me quedan caries por tener"

Es una creencia extendida entre pacientes mayores: «A mi edad ya he pasado lo peor». Esto es técnicamente incorrecto. La caries radicular es, en muchos casos, una patología de debut tardío: aparece precisamente cuando la encía ha retrocedido lo suficiente para dejar la raíz vulnerable. No es el final del problema; en algunos casos, es el comienzo.
La realidad clínica es simple: un paciente de 65 años con buena higiene coronaria puede desarrollar caries radicular activa si no adapta su rutina a la nueva anatomía de su boca.
Cómo cambia la prevención después de los 60
Aquí está la clave que muchos pacientes no reciben: la prevención de la caries radicular no es la misma que la de la caries convencional. Requiere ajustes concretos.
Fluorización de alta concentración
El flúor sigue siendo el pilar, pero en una dosis diferente. Para la raíz expuesta se recomiendan barnices o geles fluorados de alta concentración aplicados en consulta, complementados con un dentífrico con mayor contenido en flúor del que se usa habitualmente. Esta fluorización profesional periódica —cada tres o seis meses según el riesgo individual— remineraliza el cemento radicular y lo hace más resistente.
Técnica de cepillado adaptada
El cepillado en la zona cervical requiere un ángulo diferente y una presión menor. Un cepillo de cabeza pequeña, de filamentos suaves, y en muchos casos un irrigador oral, marcan la diferencia en zonas donde la encía ya no actúa como barrera. En Clínicas Platón, el higienista dental puede mostrarte la técnica exacta para tu anatomía concreta, porque no hay una instrucción universal válida para todas las bocas.
Control de la sequedad bucal
Si tomas medicación que reduce la saliva, habla con tu médico y con tu dentista. Existen sustitutos salivales, chicles de xilitol y protocolos de hidratación que compensan parcialmente ese déficit. No es un detalle menor: la saliva es tu primera línea de defensa.
Cuándo actuar y qué esperar del tratamiento

Detectada a tiempo, la caries radicular incipiente puede remineralizarse sin necesidad de obturación, solo con fluorización intensiva y control de la placa. Cuando ya hay cavidad, el tratamiento es una restauración con materiales adhesivos que sellan la raíz. En estadios avanzados, puede comprometer la vitalidad del diente y requerir endodoncia o, en el peor caso, extracción.
La diferencia entre uno y otro escenario es, casi siempre, el tiempo. Una revisión semestral en una clínica dental de confianza —como Clínicas Platón— permite detectar la lesión cuando todavía es tratable con los medios más conservadores. No hay una tercera vía: o se detecta pronto, o se trata tarde y con más complejidad.
Preguntas frecuentes
¿La caries radicular duele desde el principio?
Generalmente no. Es uno de sus rasgos más peligrosos: puede avanzar sin síntomas durante meses. La sensibilidad al frío o al dulce puede aparecer en fases intermedias, pero no siempre. Por eso las revisiones periódicas son imprescindibles, especialmente si tienes retracción gingival conocida.
¿Se puede revertir sin taladro?
En lesiones muy iniciales, sí. La fluorización profesional puede detener y remineralizar una caries radicular incipiente si la cavidad no está formada. Una vez que hay pérdida de tejido, la restauración es necesaria. La ventana de oportunidad es corta, de ahí la importancia de no esperar.
¿El dentífrico normal es suficiente para proteger la raíz expuesta?
Para un adulto mayor con retracción gingival significativa, habitualmente no. Los dentífricos estándar contienen entre 1.000 y 1.450 ppm de flúor, una concentración pensada para el esmalte. Para la raíz expuesta, tu dentista puede recomendarte fórmulas específicas de mayor concentración, siempre bajo supervisión.
Whatsapp



